miércoles, 20 de noviembre de 2019

Rarámuris o Tarahumaras de Chihuahua

Rarámuris o Tarahumaras

Los Taraumaras o Rarámuris, es una comunidad indígena que habita en el suroeste del Estado de Chihuahua (parte de la Sierra Madre Occidental – 65 000 km², aproximadamente), conocida como la Sierra Tarahumara y parte de los estados de Durango y Sonora. El 90% de la población tarahumara, estimada en unos 112,000 habitantes, viven dentro del estado de Chihuahua.

La mayor concentración se registra en los municipios de Guachochi, Urique, Balleza, Guadalupe y Calvo, Batopilas, Carichí, Guazapares, Morelos, Guerrero y Uruachi con poco más del 75% del total estatal.

El nombre “rarámuri”, como se hacen llamar ellos mismos, significa “el de los pies ligeros” o “corredores a pie” y proviene de “rara” (pie) y “muri” (correr).

La palabra tarahumara, es la castellanización de la palabra rarámuri.

Se estima que los rarámuris se establecieron en la Sierra Taraumara, hace unos 15,000 años, según los vestigios humanos más antiguos encontrados, las llamadas puntas clovis, que eran las armas usadas por los cazadores de las faunas del Pleistoceno. 

Algunos antropólogos e historiadores creen que los antepasados de los indígenas tarahumaras eran mongoles que atravesaron el Estrecho de Bering y se asentaron en la Sierra de Chihuahua, alrededor de hace 30 mil años.

La economía de los primeros pobladores tarahumaras se basaba en la caza, la agricultura y la recolección. Cultivaban maíz, calabaza, chile y algodón. Cada grupo tenía su dialecto de la lengua tarahumara y sus gobernantes, quienes se encargaban de proteger el territorio contra las etnias vecinas y garantizar el orden interno de la tribu.

Actualmente viven de la caza, la agricultura y las artesanías. Su estilo de vida es sencillo y las riquezas materiales no son de su interés. Disfrutan de la naturaleza y se interesan por compartir con la familia y los amigos. 

El inhóspito territorio en el que viven los tarahumaras impone la necesidad de tener familias pequeñas. La extensión de sus parcelas difícilmente puede dar para mantener a más de cuatro o cinco personas. A los 14 años, los jóvenes ya son considerados como adultos por el resto del grupo. Acostumbran casarse a temprana edad, entre los 15 y 17 años.

Tienen la opción de casarse durante un año y probar si es la persona con la que quieren estar casados el resto de su vida. Si pasado un año de matrimonio deciden separarse, lo pueden hacer, siempre y cuando no hayan procreado hijos.

Sus chozas están construidas con troncos de árbol, trabadas horizontalmente, la parte superior se deja abierta en un lado para que salga el humo del fuego que constantemente arde en la habitación de piso de tierra aplanada. El techo se hace con tabletas o de troncos acanalados. Mantienen sus costumbres precolombinas y no se acostumbran las sillas, las mesas o las camas.




Hasta la fecha siguen usando los utensilios tradicionales que han usado durante generaciones; metates, jícaras, molcajetes, vasijas de barro y bateas. Algunos duermen sobre tarimas o sobre cueros de animales tendidos en el suelo. 

Muchos tarahumaras viven en cuevas; las tapias de piedra los guarecen mejor de los vientos y de las lluvias e impiden la entrada de animales. En estas barrancas predominaba las construcciones de piedra y lodo por la escasez de madera. Por lo general, las construcciones consisten de dos habitaciones, pero a veces la cocina es también comedor, recámara y sala. La única puerta la abren en el centro del muro.

Generalmente, los tarahumaras tienen carencia de servicios de salubridad y por su mala alimentación los agobian las enfermedades, entre ellas: dispepsias, enteritis agudas, congestiones alcohólicas, cirrosis de hígado, pulmonía, tosferina, tuberculosis pulmonar y sarna.

Los tarahumaras o rarámuris se caracterizan por el gran respeto que tienen hacia todo ser humano, ser viviente y la naturaleza en general. El respeto y la alegría son pilares de su forma de vida.

Los tarahumaras tienen una cosmovisión derivada de un sincretismo entre el catolicismo y el chamanismo. A raíz de la colonización española, tomaron algunos de los elementos del catolicismo y los incorporaron a sus creencias originales.

Adoran a varias entidades o energías naturales, como al sol, la luna, las serpientes y las piedras. Creen en la existencia de una vida después de la muerte.

En sus celebraciones, llamadas tesgüinadas,  en honor a “tesgüino”, una bebida ritual del maíz. Generalmente integran danzas y ofrendas que son oficiadas por los cantores (maynates), los rezadores y los ancianos de la tribu.

En estas celebraciones es donde surgen los noviazgos que posteriormente se convertirán en matrimonios Las fiestas se ambientan con música de violines, guitarras y sonajas, mientras que varios danzan al ritmo de la música.

El peyote es abundante en el desierto de Chihuahua y los tarahumaras lo utilizan de forma ritual y medicinal. Dicen que los híkuris (peyotes) cantan para que los hombres los encuentren a su paso. Su consumo es de uso ritual con el acompañamiento de un chamán. Para los rarámuris tiene la capacidad de curar el alma, de ahí la importancia que tiene en su cultura y es muy común verlo plasmado en sus artesanías. También es usado como ungüento para curar mordeduras de serpiente.

En el caso de muerte de alguno de sus miembros, ofrecen cuatro fiestas en el caso de las mujeres y tres en el caso de los hombres. Según sus creencias, si no se realizan las fiestas, las almas de los difuntos vagarán y no alcanzarán el cielo.




Sus comunidades están alejadas de pueblos y ciudades por lo que cada grupo cuenta con su propia organización política y social. Cuentan con un gobierno tribal encabezado por el Siríame, equivalente a un gobernador, que es elegido de forma democrática y que es un viejo sabio y respetado dentro de la comunidad.

Dentro de las tareas del Siríame es dar un nawésari (discurso) cada domingo, donde entre otras cosas, habla de la importancia de ser un tarahumara. Existen otras figuras de autoridad; un segundo gobernador, un capitán, un teniente y varios soldados, que ayudan a resolver conflictos o faltas que puedan surgir en la comunidad.

Aún ahora en los albores del siglo XXI se mantienen fieles a sus creencias y tradiciones, para ellos es más importante el cuidado del alma que los bienes materiales.

Además de ser reconocidos mundialmente como grandes corredores de distancias largas, también son artesanos muy creativos. Entre sus artesanías más emblemáticas destacan sus coloridos bordados, sus canastas tejidas con palma, sus esculturas con chaquira y alfarería abstracta. Los más reconocido de sus artesanías son los tapetes de hilos de colores brillantes en los que representan toda su cosmovisión.

Conservan su vestimenta tradicional colorida y original. El hombre usa la tagora, que es una especie de taparrabo y una camisa abierta, y en la cabeza usa un pañuelo amarrado llamado colleraca.

Tarahumaras en la actualidad

Mantienen su estilo de vida aunque sufren carencias y no cuentan con condiciones mínimas de salubridad, educación, servicios como luz, agua o Internet.

Los corredores tarahumaras han destacado en maratones nacionales e internacionales, como en Barcelona y Francia. Su exquisita técnica de pisada al correr los convierte en unos atletas de primera línea. En mayo de 2017, María Lorena Ramírez, una mujer tarahumara, sorprendió al mundo por ganar un ultramaratón en México descalza y corriendo con su ropa tradicional.

Estructura familiar

El padre utiliza un término diferente para referirse a su hijo (Nolá) y su hija (Malá), pero la madre emplea un mismo nombre para todos sus hijos (Ránala). Por su parte, aunque tanto los hijos como las hijas tienen un término diferente para designar al padre, ambos usan el mismo para la madre. (Bennett y Zing) En el idioma rarámuri se usa la palabra Teweke para referirse a la niña y Towí para el niño.

A los hijos nunca les regañan, y desde muy pequeños les dejan la responsabilidad del cuidado de algunos animales o tierras y sobre todo de decidir por ellos mismos.

La joven tarahumara nunca expone su cuerpo después de los 6 años de edad; aún casada, no se quita la ropa frente al marido e incluso hace el amor vestida. La reserva frente a las experiencias sexuales se rompe en las “tesgüinadas”, donde el joven puede entablar comunicación y contacto con la chica y es una forma aceptada de iniciación libre.

En la vejez, el tarahumara vive en una casa separada, a donde sus hijos le llevan presentes de comida y ropa; cuando muere, se le incinera en alguna cueva o en un cementerio (si es que está bautizado) y se hacen complicadas ceremonias para que su alma viaje sin tropiezo.

En la filosofía rarámuri es primordial el respeto a la persona, por lo que los visitantes o turistas deberán también ser respetuosos con ellos y sus tradiciones, como ellos lo son con toda la gente. Valoran más a las personas que a las cosas.